La amiga que sangra
Dos poemas, el que abrió la lectura y el que la cerró. También una foto que a nosotros sí nos pareció bien… Crónicas, mucho mejores que las que nosotros podríamos hacer, aquí, aquí, aquí…
PRESENTE
Somos. El caudal arrastrado por el río
me iba anunciando tu llegada. El débil niño
ofuscado de antaño. El joven displicente.
No. Ya para siempre han desaparecido.
Ahora permanece el hombre. Ante un espejo
sonoro. Si acaso un día voy a vencejos
no es para robar o sus huevos o sus nidos.
Prefiero arropar todos espantar espectros
los que merodean mi estancia y sus nidos.
Yo cueniforme me agazapo en la posada.
El albor interrumpe mi sueño. La amada
vuela por el aire me despierta destiño
mi vestido con la (su) vuelta inesperada.
Mas canto —no como niño o ya adolescente
Después aumento el futuro que me salva
y lamento lo que ha de venir no venga
lo que vendrá no lo aguarde y me arrepienta.
(De Variaciones, 1977)
POEMA PARA LEER DESPUÉS DE TODO
La poesía es el muro donde vive
el objeto no casual, no ardido aún,
esa araña de efusión esplendorosa.
Ríe el inválido
su pausa y le crecen yedras, verbos
de limpia arquitectura para presagiar
despojos de cosas,
treguas del dolor o lámparas vacías.
Quien ahí escuche el placer
diluirse entre sus ingles,
e ignore el riesgo de la amnesia,
será feliz, será feliz.
La poesía te rodea las manos,
la amiga que sangra.
(Inédito, 2009)





