COMO SIEMPRE
Jueves, Septiembre 1st, 2005Gaspar llevaba dos horas muerto cuando sonó el teléfono. Su pelo gris se había quedado mate y una saliva seca le asomaba por las comisuras de la boca. Descolgué el aparato y la áspera voz de mi hermana me gritó al otro lado. Mientras escuchaba los reproches que me hacía observé el cuerpo lacio de su perro. La dejé que terminara y, cuando lo hizo, dije: “Gaspar está muerto, lo he matado yo”. Oí una carcajada y un clic metálico que cortó la comunicación. Sonreí pensando que, como siempre, ella creería que le mentía para hacerle daño.




