Archive for the ‘CFC’ Category

Aprendiz de bruja

jueves, noviembre 15th, 2007

Aprendiz de bruja. La ilusión estética de un río de caudal extremo: tú a una orilla y yo a la otra. Y el juego delirante de encontrarnos en el medio sin que nos arrastre la corriente.

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Cuando aún queda la noche

miércoles, octubre 10th, 2007

sin-titulo-22

Se espesó la noche, se resumió transfigurada en un instante a destiempo. Hinchada y feroz reptó entre los juncos de la pradera y a pleno sol .Hondo espectáculo. Sincopando el sueño, los días, la obsesión continua de su último destino.

Te presintieron, noche, no te equivoques con ellos, fuiste provisional como postrimero aliento y miraron para otra parte, ninguno escribió tu nombre.

Se derramó ladera abajo sin dejar pistas, duró lo que tardó en pasar entre las briznas, transito sutil, conciencia desmemoriada de cada palmo de este paisaje que sueña constantemente.

Ayer, fue ayer cuando hablamos de la espuma de los días

Nada

sábado, septiembre 8th, 2007

“¡Baja!” gritaba desde la calle una y otra vez “¡Bajas o no bajas! ¡Pero qué coño haces desgraciada!” “Bajo ya pero cállate, por Dios” murmuré desde algún  lugar recóndito de mi exigua conciencia sin esforzarme por hacerle oír, sin ni siquiera  mover los labios. No era pereza lo que me impedía abrir los ojos y salir de la cama sino una resaca salvaje, así que haciendo acopio de fuerzas y sin apenas mover los párpados me senté y después muy lentamente, fui hasta la ventana para hacer una señal y que se callara de una vez por todas. “Vístete guarra, y baja de una puta vez”. La vi de refilón, bajo el sol estrepitoso del día mas luminosos del verano, allí estaba, en jarras, con las piernas abiertas y la cara gorda y colorada vuelta hacia arriba, con la expresión desagradable de vieja puta. Era medio día y hacía calor.

Recogí la ropa del suelo y me la empecé a poner, otra vez, sin hacer nada por evitar las gotas de sudor que corrían por mis costados, con los ojos cerrados mientras me vestía abandonada al olor amargo y caliente del sudor, al olor a tabaco y ron de la blusa, al olor de colonia barata de hombre, y al olor del pubis húmedo y oscuro incrustado entre las piernas abiertas y delgadas: “Narciso no era más bello que yo” murmuré sonriendo patéticamente.

            El estomago maltratado, la garganta seca y dolorida, la lengua adormecida se pegaba al paladar; no encontré los calcetines y me tuve que poner las botas con los pies desnudos “Se me levantará la postilla otra vez, sangrará, dolerá… se volverá a infectar”

            En la habitación había un lavabo debajo de un espejo sucio, sucio de engullir sucia luz, sucio color. Un espejo sucio y mudo testigo pasivo de sucia mediocridad. Me eché agua en la cara, en el pelo en el cuello. Llené la boca y luego escupí. Su sabor insípido hizo que vomitara allí mismo, bilis, solo bilis. Las arcadas, una detrás de otra, me hacían convulsionar golpeándome en la frente contra el mugriento lavabo. Corría el agua, la bilis, la sangre por la piedra negruzca y por la cara también. Mientras tapaba la herida con un montón de papel higiénico pensé que era un buen momento para llorar, mirando al espejo y con sarcástica sonrisa me lo pregunté de viva voz: “¿Lloras querida o prefieres dejarlo para otra ocasión?… será mejor dejarlo para mañana con el resto de mi vida”.

 

            Un gruñido me sacó de aquel inútil monólogo, sobresaltada y bruscamente me di la vuelta. La realidad estaba allí tendida en la cama, en forma de hombre desnudo, peludo y blanco con rojeces en la piel sebosa y brillante, desparramado como estaba me dio asco, al final siempre me dan asco. Recogí sus pantalones del suelo y sacando la cartera de uno de sus bolsillos cogí lo que era mío, ni más ni menos. Un escalofrío sacudió mi espalda y un dolor agudo hizo que me sujetara con fuerza entre las piernas, sentí que algo se quería escapar por ahí, o tal vez romper, o tal vez secar “No, no lloraré, mierda”, “¡Baja!” y bajé.

 

luna en clave de sol menor

viernes, julio 27th, 2007

En clave de sol te declamas encendida sobre el tejado rojo que le da paisaje a mi ventana. Deshacerme sobre el ascua de un deseo, es el sino que padezco en la atenta mirada del ojo sin parpado ni pupila: desmallado, como exhausto, quizá muerto y sangrante en su reverso. Qué me importa, eso me reza tu letanía en susurro chillón y estrafalario, tan cerca de mi oreja que se me llena de escarcha. Y yo silente, sin cerrar los ojos para que creas que te sujeto la mirada albina. Como si de eso se tratara, como si tan  solo de eso se tratara.

y de postre, justicia

sábado, junio 16th, 2007

Necesitaba olvidar aquel momento, seguir viviendo, tomar las cosas como me venían y asumirlas con sencillez y disciplina.

Recuerdo, otra vez, cuando abrí la puerta de nuestra casa y me lo encontré allí suspendido por el cuello de una soga atada a los cables de la lámpara. Su cuerpo aún se balanceaba, sus ojos, su lengua, el color de la piel en su cara. De la impresión me dejé caer en el suelo utilizando la pared para recorrer un camino indescriptible de desánimo y de incomprensión. No hubo por qué, la evidencia hizo que los motivos, que se me ocurrieron en aquel entonces, sonasen a excusas mal urdidas. Hasta hoy todo ha resultado insuficiente para entender el absurdo. Nunca más me he vuelto a preguntar por qué. (más…)

Allegro non troppo ma con brio

sábado, mayo 5th, 2007

Solo llegar a una orilla, sin condiciones, arribar. Solo tener un horizonte en el que sea imposible inquirir. Ignorar la lejanía, descansar.

Ay, maldita memoria.

Ay, maldita pregunta.

Ay, maldito viaje, maldito polvo, maldita huella, maldito indicio.

Maldita sea… maldita, maldita.More...

             Tantas tardes corriendo por el filo de la misma puesta de sol. Tantas madrugadas condenadas a otros tantos amaneceres, que siempre llegan, que nunca se retrasan, que se regalan con la ecuanimidad de una madre cumplidora. Adicta al plectro desde el primer crepúsculo, castigo que viviré hasta el último de mis días.

             Vueltas y revueltas, solo es un cauce, meandro divagante, divergente corriente, orilla discrepante y el esfuerzo ingente para llegar a contra corriente y desovar.

            Dime, contéstame ¿me quieres? ¿me quieres? Dímelo ¿me quieres? Qué dolor que me ames tanto y que tu amor sea mi condena. Qué dolor haberte encontrado para que me ames tanto. Qué dolor haberte encontrado. Que dolor que me ames tanto.

Finale: presto

 

Metáfora del ruido de una noche. Ya nada me interesa más que tu luz: Áurea de estigmas, inhóspito límite. Cada vez que reclinas la cabeza sueño con tu cuerpo, ojalá me perturbara  y la metáfora de este ruido me llenara a rebosar.

Mañana es un tiempo lejano

sábado, abril 7th, 2007

Samuel Pound llega a casa cansado después de una larga jornada de trabajo. Es un hombre detallista con sus cosas, y metódico, así que nada más abrir la puerta del apartamento, como todos los días, se quita las botas y entra descalzo. Sin encender si quiera la luz del pasillo se dirige al cuarto de baño, se pega una ducha, se afeita e, inmediatamente después, cena en la cocina silenciosa y vorazmente. Una vez limpio y satisfecho el apetito se sienta en la sala de estar y enciende la tele. A Samuel Pound le gusta estar bien informado, por eso los noticiarios son sus programas favoritos, los escucha con atención y con los datos que es capaz de entresacar de tanta palabrería, obtiene sus propias conclusiones, abandonado cómodamente sobre el sofá y sobre la marcha resuelve, no intenta cambiar el mundo pero lo observa con inquebrantable admiración.More... (más…)

Éxodo

domingo, marzo 4th, 2007

I
Ese vertiginoso abismo que hay en cada una de las huellas a las que yo asomo: me llama. Son suyas. No sé que hay en el fondo ¿calma? ¿tempestades? ¿gritos de lluvia o frío?… ¿un sol rabioso que a modo de dios me ha de secar dolorosamente pidiéndome que soporte su dolor? ¡qué no es mío! ¿no me escuchas? No hay razones, solo su sima. Elegante salto me espera: condenándome. Porque me diste voz y me negaste la palabra estás en deuda conmigo: eternamente. (más…)

Canción de cuna para Tsvetan

jueves, febrero 8th, 2007

(De moscas y viajes, nueva colaboración de Cristina Fernández Castro)

Conocí a un hombre que había matado a un hombre. Al atardecer, cuando había terminado su trabajo, se sentaba en el pasillo de alimentación de las cuadras de los caballos, sobre una de las alpacas que estaban apiladas a un extremo, y se quedaba viendo cómo se ponía el sol detrás de la colina.
—Quiero irme a Canadá —me dijo una tarde
—Por qué a Canadá —le pregunté
Pero no me contestó.
—En Canadá hablan francés, ¿verdad?
—E inglés
—¿Me puedes enseñar francés?
—Te puedo enseñar lo que tu quieras aprender
—También quiero un saco de boxeo, lo colocaré ahí, en el granero, y los ratos que tenga libres podré entrenarme… hasta que me vaya (más…)

La casa de los anhelos

domingo, enero 14th, 2007

Éste es el primer relato que cuelga en La Corbatería del Leteo, S.A. Cristina Fernández Castro, a quien damos nuestra más calurosa bienvenida. En efecto, ya iba haciendo falta renovar el catálogo de nuestras existencias.
Aquí podéis leer algún otro de sus trabajos.

La casa de los anhelos

—¿qué hora es?

Levanta la cabeza y mira a la figura que, delante de la ventana y casi sin pestañear, ha ejecutado la pregunta; sacude la muñeca derecha hasta que el reloj aparece por el puño de la blusa; interpreta dócilmente lo que la esfera nacarada le propone; quedamente se pronuncia mientras la aguja del minutero barre con indiferencia, cualquier atisbo de objetividad

—las cinco y media

y retoma la lectura. Está leyendo “Endymión”, unas veces en silencio y a ratos en voz alta, cuando ella se lo pide, cesando en el instante mismo que una nube de abstracción obnubila su mirada. La observa un segundo antes de volver a los versos, delante de la ventana proyecta su sombra alargada y enjuta sobre el suelo. El brazo derecho doblado formando un ángulo recto con el izquierdo que se cruza sobre el vientre seco y abultado. La mano, de largos dedos, sujeta un cigarro humeante. Su pelo rubio blanquecino amarrado a la nuca en un desordenado recogido.
Pasa el tiempo, lentamente, se lo explica su sombra con puntillosa pulcritud

—¿qué hora es?
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