Archive for the ‘The Children\’s Book’ Category

Tristres

miércoles, mayo 23rd, 2007

Tres poemas de Marta Castro. Tres puertas de Luis Alberto de Cuenca. Tres maneras de decirlo, tres para ocultarlo. Tres palabras, tres monedas, tres deseos. Tres nombres. Tres intentos, treinta fracasos. Trescientas dudas, tres mil excusas, treinta mil pulsaciones por minuto. Trescientos treinta y tres mil millones de razones para no olvidarlo.

Y así acaba el tres.

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PUERTA ABIERTA

“¿Te gusta mi corpiño?” (Aquel corpiño
y un antifaz de raso eran sus únicas
concesiones al lobby de la tela.)
“¿Te gusta mi perfume?” (Aquel perfume
derretía el cerebro como el polvo
blanco de la novela de Arthur Machen
y no dejaba sana una neurona.)
“¿Qué es lo que más te gusta de mi cuerpo?”
(Díganme qué podría responder
a una pregunta tan abstracta.) “Cómeme.”
(Y me puse, sin más, a la tarea.)

Madrid, 9 de marzo de 2006.

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PUERTA ENTREABIERTA

Era el cuarto de baño de un hotel
de contactos: jacuzzi circular
y patitos de goma deslizándose
por la bañera, grifos sicalípticos
y espejos tapizando las paredes.
Había una rendija de luz tibia
por la que pude ver cómo llevabas
a cabo turbadoras ceremonias,
excitantes caricias digitales.
Agrandé la rendija poco a poco,
velado por la niebla del deseo.

Barcelona, 2 de marzo de 2006.

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PUERTA CERRADA

¿Me abrirías la puerta? Era importante
pensar qué llevarías puesto entonces.
O qué no llevarías. O si aquello
se quedaría en un paraklausíthyron.
Pasé todo un verano imaginando
cómo te dirigías a la puerta,
cómo manipulabas los cerrojos,
cómo, al fin, te mostrabas a mi vista
y me decías: “Pasa, no te quedes
ahí. La noche es larga, interminable.
En esta casa no se duerme nunca.”

Madrid, 9 de marzo de 2006.

Noticias del infierno

martes, mayo 22nd, 2007

Y ya lo vamos cerrando. Poema de Antonio Orihuela. Ilustración de Elia Torrecilla.

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El señor presidente
que fumó marihuana pero no se tragó el humo.

Ven al sabor,
disfruta de la libertad sin límites de

El secretario de defensa
que confiesa gastarse un billón de dólares al año en armas
y 50.000 millones en desarrollo
esperando que este argumento traiga la paz
y la estabilidad al mundo.

Afortunadamente, hay cosas que nunca fallan, como

El Musarraf
que era un dictador
cargaito de armas de destrucción masiva
hasta que los Estados Unidos lo necesitaron
para invadir Afganistán y se convirtió,
de la noche a la mañana,
en un demócrata de toda la vida.

La vida es móvil, móvil es
(más…)

De bocas y jugos

miércoles, mayo 16th, 2007

Fieles a la tradición, olvidamos entregar nuestro libro de firmas al poeta. Tal vez porque los recitales suelen dejarnos hambrientos, y no digamos las cenas que vienen después. Así que seguimos, hoy con dos poemas de David González. Ilustración de Elia Torrecilla.

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LA BOCA DEL ESTÓMAGO

que no
que ya está bien de tanta coña
que ya os vale, joder,
que no
que no subimos al chabolo
para la hora de la siesta, ¿vale?

Vinieron más boqueras.

que no
que esto no hay quien lo coma
que esto
ni es comida
ni es nada
que no
que pasamos de subir al chabolo
para la hora de la siesta, ¿vale?

Llegó el Jefe de Servicios.

¿cómo que qué pasa aquí?
¿a usted qué le parece?
se supone que esto son lentejas, ¿no?,
pues mire, ¿lo ve?,
aquí no hay más que agua, ¿lo ve?,

y hasta que no nos traigan
una jala como dios manda
de aquí no nos movemos
no subimos a la celda
para la hora de la siesta, ¿queda claro?

Tuvieron que avisar al Doble (1).

voy a ir pasando lista de uno en uno
y al que no deponga su actitud
y siga negándose a subir a su celda
se le castigará con un fin de semana
de aislamiento
en las celdas de castigo.
¿He hablado con la suficiente claridad?

con tanta claridad
que perdimos el culo
escaleras arriba
a ver cuál de nosotros
cogía primero
el sueño.

Después, por la noche, para cenar,

las mismas
putas
lentejas.

(1) El director.
(más…)

La gran dieta

martes, mayo 8th, 2007

Texto: Alberto R. Torices. Ilustraciones: Laszlo Kovacs.

Nuestro querido Micael C. Peace ya ha pasado a engrosar (con perdón) la nómina de los inmortales. Requiescat in pace. Amigo entrañable, escritor desmedido, prodigioso ser humano, fue también miembro del oscuro y ya casi olvidado Oblivion’s Club; atlante, titán, portento de la naturaleza, su silueta ensombreció la de todos sus colegas. Hoy, el honor de haberlo conocido y tratado me impone el deber de glosar, con la ignominia de la brevedad, la odisea emprendida por este hombre formidable. Pues bien, hela aquí:

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Antes de comenzar la redacción de El banquete, la novela por la que será recordado en los tiempos venideros, Micael C. Peace pesaba ciento setenta y dos kilos y era un hombre feliz. Durante los nueve años que tardó en escribirla, perdió ciento veinte kilos, buena parte del cabello y la totalidad de sus relaciones con el mundo. Opera prima y a la vez postrema, hercúlea, insuperable, el manuscrito de El banquete se componía de seis mil trescientos veintinueve folios numerados y homogéneos, escritos por ambas caras con una letra menuda pero legible, y con más agregados que tachaduras. (más…)

Caín leyendo

martes, mayo 1st, 2007

Disparamos las penúltimas balas del tercer número de The Children’s Book of American Birds, a punto de recibir el portentoso cargamento incluido en el número 4. Para ir abriendo boca, vean cuál será su aspecto, confiado una vez más a Mr. EHQCD.

Pronto, y aquí mismo, les daremos cumplida cuenta de su contenido. Pero de momento, sigan pasando hambre con nosotros.

Poema: José Luis Piquero. Fotografía: Eva Vaz.

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Mon semblable, mon frère

En mi tarde más negra quiero tocar el cielo.
Sentado en lo más hondo
del autobús, y el libro entre las uñas,
¡adiós, vertiginosa jornada laboral; adiós, salario;
adiós a mi Macintosh, que ronronea y piensa por su cuenta!
Leo como leía cuando era adolescente:
moriría de versos.

Escucha tú, de quien sé bien el nombre
pero has de ser un tipo poco recomendable —como todos nosotros—,
que devuelve los golpes con precisión de fiera
y sabe un par de cosas que todos sospechábamos.
Dime que hasta la última palabra
todo es verdad, verdad,
o dame una señal para olvidarme el libro en el asiento.
En esta negra tarde se busca una certeza
y cruzo la ciudad como un feto motoro,
respirando en el libro.
No vayas a decirme que el mundo está ahí afuera.
No es más real que este terrible soplo al corazón.

¿Nos hemos olvidado de escribir,
idiotas instruidos mientras ella se va dando un portazo?
Entonces hasta el más sórdido adolescente
debería escupirnos su desprecio en la cara.
Sea Dios el libro mientras nos susurra
su espantosa verdad. Reseña: calla,
no vales el talón que te ha pagado.

Escucha bien:
te doy mi libertad, eres la sombra
que vigila la luz de mi ventana.
Yo te he dado las llaves y ahora asústame.
Eras el preferido de mi Padre, jamás te perdoné, el mejor de nosotros.
Tú y yo somos iguales, sólo eso sé decir.

Y que todo el dolor y la alegría y la furia
son verdad, son verdad,
porque si no soy yo quien está muerto y tú estás muerto
y en esta gran mentira de los poemas arderemos todos
hasta que cada libro no sea más que ceniza.

Brion Lebunny

sábado, abril 21st, 2007

Y al tiempo que despedimos a los más «osados» del grupo, que parten con la noble misión de colonizar tierras bretonas, les dejamos en manos de nuestros muy queridos «zánganos condales».

Texto, Vladimir Laxa. Ilustración, Javier Arce (autor también de la portada de la revista).

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A Vito Gallo

Aprendieron los jóvenes maléficos a cultivar ajenjo (furioso golem de verdes ojos) en la azotea y huía espantado Brion Lebunny cada vez que se convocaba una nueva fiesta en el piso.

El ajenjo (jilguero de rubí) adulteraba tanto la percepción del que lo consumía, brillaban tanto sus pupilas que parecían sumideros ebrios sobre las cuencas de los ojos… Adulteraba tanto la percepción —ya digo— que nohabíamanerahumanadiablosdeescribirunalíneasinfaldasdeortografia. (más…)

Hambre y Gritos

viernes, abril 13th, 2007

Del tercer número de la revista «The Children’s Book of American Birds».
Poema: «Hambre», de Vicente Muñoz Álvarez.
Grabado: «Gritos desde el interior» de Silvia Álvarez López-Dóriga.

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Ya no tengo
pellejos en los dedos
que arrancar
para sentir
otro dolor
distinto al tuyo

estoy perdido
y solo
y tú no estás

y aunque estuvieras
seguiría estándolo

yo creo.

Necesitaría devorarte

para llenar

tu vacío.

Alimento para un sueño

miércoles, abril 4th, 2007

Dos poemas, dos, del Gran Saravia, Rafael (a.k.a. Ralph Bergson), incluidos en la sección dedicada a «El hambre» del último número de la revista del Club Leteo. Y ya casi listo para el horno, el número siguiente.

Fotografía de Sandra Muñiz Justel

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I

Tú que acumulas tanto y tan bueno,
nunca tendrás suficiente.

Harás de tu primera montaña cordillera,
de tu primer logro,
un múltiple canal de prosperidad;
de tu mayor victoria,
tu punto de partida
en las sucesivas conquistas.

Pero el hambre siempre será hambre,
cielo sin reposo para un sueño
que nunca se antoja eterno.

Despliega, a través de la renuncia,
tus anhelos atrapados en la infancia.

En tu intento de gloria,
pájaros de colores se aferrarán a tu cebo
y el aire te colmará de nuevo.

II

Fuiste tenue, de arroz.
Caminabas por medio de un río de migas
gustando el zumbido de avispas a un lado,
al otro un hilo de hambruna callado.
Después te fuiste de amor.
Más tarde, si cabe.

Siria (I)

viernes, marzo 2nd, 2007

Serie poética de Luis Luna, concebida para una exposición de Guadalupe Luceño.

Ilustra Luis Martínez de Merlo.

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ZOCO

1

Traza
líneas en el aire.
Estudia
la arquitectura
de su soledad.

2

El trazo curvilíneo de la bóveda
acomete la esfera del membrillo
se derrama en la duna bermellón de la especia
en el oro esplendente del alfanje
en el gajo encendido de una boca.

(más…)

Single Nº5, “Fetish Control”

viernes, febrero 23rd, 2007

Nueva entrega del libro inédito «Terrorizer», perpetrado por David Murders & The Representatives Of Evil. Ilustraciones: Víctor Mardaras.

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Cara A. GENTE DIVIRTIÉNDOSE

En el cuarto, dos chicas se ponían rayas. El Coronel entró primero y nos presentó. Eran dos mujeres altas y corpulentas que llevaban los pezones anillados y el cuerpo salpicado de tatuajes.
—Estas son Katia y Vera —dijo el Coronel.
Las chicas me miraron y sonrieron. Una de ellas comenzó a esnifar.
—Están colgadas —apostilló el Coronel.
—Invítale a una raya —dijo la que se llamaba Vera.
Katia vino hacia mí con una copa en la mano. Una magnífica melena pelirroja enmarcaba su rostro y lanzaba destellos dorados mientras cruzaba la estancia como una nube. (más…)


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