En el país de Dadá

Esta tarde, como decíamos, el viejo zorro Thomas firmará ejemplares de sus turbios sueños. Y uno de ellos es precisamente el que se le cumplirá mañana, cuando se suba a un avión con destino al país de Dadá (él, que ya de niño tenía ciertas dificultades con el surrealismo). Pero como dijo Sergei Etterbeck: «Siempre fuiste un hombre afortunado, Thomas». Y que lo digas. Porque además de prologar el libro de Kahlo, estará a su lado temblando como una vara verde, en la presentación.

Maquetación 1

El sábado 9, a las 20.00 hs., en FNAC-Triangle (Barcelona).

Una perla: You push me

«Fuimos al “magic”, las paredes eran rojas y hacía un frío acondicionado. Por unos momentos me sentí en una escena de David Lynch, allí sentada junto a un desconocido a quien le había dado mi número, le gustaba Miles Davis. No me decía nada bonito y sin embargo me besó, me gustaba su autoestima, sus brazos y su pecho… AC/DC, Kiss, The Who… La música tiraba pero yo tenía que conducir y llevaba ya demasiadas cervezas. Nos colamos en un parque vallado, un gato-perro a lo dálmata nos guió, vimos pasar a otra pareja y luego follamos; era guapísimo aunque no me veía. Mientras tanto, el gato-perro casi se pelea con un gato real, estaba amaneciendo. Él perdió un botón, yo me fui. Era mi tipo.»

marta1

Y del prólogo, una muesca:

«Es ella siempre y no es ella nunca, nunca hay repetición. Si acaso los añicos de la fidelidad. ¿Autorretratos? No… Ni siquiera ella podría capturar dos veces el mismo rostro (espalda, clavícula, dedo gordo del pie). Pero es que por este laberinto nunca pasó dos veces la misma Kahlo. Y tampoco es cuestión de atrezo, del color de la peluca. Kahlo es un ser deconstruido y vuelto a montar cada vez de un modo distinto, es Frankenstein en algún paraje siempre nuevo de su mundo, más grande y temible y fascinante que el mundo. Por eso brotan cuchillos de carnicero donde hubo elefantes rosas, el sofá se convierte en ascensor y la soga al cuello pasa a ser sombrero hongo, del que salen conejos y palomas, Valentina, un astronauta, Corto Maltés, las mil y una noches de Sherezade y la de Dios.»

Ah, y por aquello de la memoria histórica: recuerden que Marta ya cruzó el Leteo en un par de ocasiones. Una y dos.

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