Nacho ‘Beatus ille’ Abad

En casa del herrero… No lo hicimos cuando debimos y bien que nos remuerde la conciencia por ello. Pero aún no es tarde, ni irreparable. Pues bien, Nacho Abad, hombre de la casa y poeta sin palabra, ha publicado su primera novela. En su día tuvimos el honor de conocer las primeras versiones, la dura gestación y aquel crucigrama de post-its que fue tomando la pared de su cuarto, a medida que el genio trabajaba. Hoy es ya una realidad con lomo y depósito legal, y pensamos en primeras novelas como “La náusea”, “El pozo” o “Ampliación del campo de batalla” y toda una gloriosa nómina de brillantes principios a la que se suma este “El empleo” que publica Eclipsados y que luce una portada tan guapa como ésta:

portada-el-empleo

No vamos a hacerles la sinopsis porque seguro que lo estropearíamos. Así que sirva esta cita al vuelo de acicate:
“Cicatriz: estigma de lo amargo que, como los recuerdos en la memoria, se fija como algo hermoso.”

Es el momento de decir también que, aunque se fue de casa hace tiempo y ahora le vemos más bien poco, sabemos que sigue socavando barricadas, triturando piedras preciosas y alimentándose de pajaritos, y lo sabemos por esto, aunque eso mismo nos lleve a sospechar que finalmente ha decidido pactar con el diablo. De lo contrario, no nos lo explicamos.

Aquí una guapa entrevista de Cristina Fanjul, y aquí más cosas de este hombre orquesta.

Y por último, unas palabras garabateadas a lápiz, cuyo autor olvidó o no se atrevió a firmar, y que editamos como podemos:

«Como objeto de uso que es, el ser humano puede tener un valor mínimo (una servilleta, un felpudo), medio (un exprimidor, una aspiradora), alto (un eficiente lavavajillas) o muy alto (un sofisticado robot). Esta división se correspondería con una pirámide en la que los elementos menos valiosos y duraderos, pero más numerosos, soportarían el peso —simbólico, y también real— de aquellos otros que más se cotizan y de los que hay menos ejemplares disponibles.»

(Aquí siguen tachaduras, dibujitos, palabrotas, y luego continúa:)

«Desprovistos ya de significado como consecuencia del uso, términos como “empleo” o “empleado” se han establecido para siempre en nuestro vocabulario, ninguneándonos sus perversas connotaciones: nadie se escandaliza cuando pasa frente a una “oficina de empleo”, ni siquiera cuando entra o sale de ella. Nacho Abad trata de devolvernos la noción exacta y terrible de lo que significa tener un empleo, aspirar a él, competir por uno, perderlo y ser un “desempleado” y solicitar el subsidio correspondiente. Si el lector se escandaliza, podríamos pensar que lo ha logrado; más aun: que quizá aún queden motivos para conservar la fe, la esperanza, la caridad…»

(A partir de aquí ya es ilegible.)

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