Michel Houellebecq y el salto del tigre

por Sergio Santa Cruz, (narratoprimo leteo)

Hablar de Michel Houellebecq sin quedarse atrapado en la maraña de anécdotas que envuelven su persona es casi imposible. Etiquetas, descalificaciones y persecuciones han envuelto la figura de este escritor en una bruma de maldito; de niño malo con intenciones perversas y desestructuradoras. Libros que aparecen abandonados en los parques y que, casualmente, encuentran los críticos de literatura, astronómicas cifras por novelas sin escribir, intentos judiciales por diversas causas que al final tan sólo se traducen a una sentencia de inocente por blasfemia, y una innumerable lista de desatinos que no hacen sino acrecentar la fama de este genio francés.

Una lectura superficial puede llevarnos a creer a pies juntilla lo que de Houellebecq se ha dicho. Si observamos los personajes de Houellebecq desde la distancia, la voz de cada uno de ellos y su modo de pensar nos lleva a la conclusión, equivocada, de que el hacedor de tales personajes es un pervertido aquejado de alguna carencia afectiva en su infancia, de donde se derivan una serie de complejos frente al resto de la humanidad. Seguro que más de uno ha caído en esta resbaladiza trampa.

Sin embargo, la literatura, lo bello que tiene la literatura, es que jamás es superficial y obliga a reflexionar sobre los mensajes ocultos. Detenernos a contemplar los cuadros expuestos, nos hace ver que esos personajes son fiel reflejo de una sociedad violenta y sucia, sin escrúpulos y sin conciencia. Una sociedad donde impera la ley del más fuerte y que a menudo, el más fuerte es el más rico y es, además, el que pone el precio a nuestra vida. Entonces, la supuesta desviación se hace tan cercana a uno mismo, que te lleva a comprender que el autor no es ningún sicótico resentido, ni nada por el estilo. Es, simplemente, un fotógrafo atento. Un escritor con agallas, sin pelos en la lengua, ni en el ingenio.

Vivimos tiempos modernos y creemos hablar con naturalidad pero no es cierto. Cada palabra debe ser pensada, medida y analizada antes de ser expuesta; esquivar la inevitable tergiversación de quien siempre se siente ofendido. Si hablamos de religión es que somos un beato o un ateo destructor de todo tipo de cuestiones relativas a la fe. ¿Sobre sexo? O bien caemos en el escándalo remilgado que invariablemente nos hace parecer acomplejados de nuestra sexualidad, o bien quedamos como adictos perniciosos aunque un poquito mejor vistos (siempre triunfa el que más practica). En lo político, en fin, que se puede decir sin que ello te condene de por vida.

Así es nuestra vida cotidiana: ir de modernos pero hablar con eufemismos, por si acaso.

Houellebecq se pregunta cómo envejecemos, cómo nos enfrentamos a la decadencia física y mental y cómo actuamos, o nos defendemos, de ella. Elegir nuestra propia muerte cuando ésta nos parece la única salida digna. Disfrutar del sexo sin los complejos adquiridos durante tantas generaciones de «no es por vicio, ni por fornicio, sino por traer un hijo a tu servicio, Mi Señor».

Reflexiona sobre las normas de conducta social, individuales y colectivas. La sociedad no podría evolucionar sin ellas y, si nos dejasen «a nuestro aire», nos convertiríamos en la especie más sádica del planeta. De hecho, ya lo somos, aunque disimulamos. Nos maquillamos con la fe, entendida de maneras diferentes que no siempre coinciden y suponen una agresiva y letal causa. Nos camuflamos bajo un sistema de vida que pone precio absolutamente a todo así que dime cómo eres, qué tienes y te diré cuál es tu precio.

Houellebecq, en definitiva, se sube a un armario, observa con ironía desde su nueva perspectiva y se lanza, en un determinado salto de tigre, para sodomizar de una vez por todas el eufemismo. Para hablar con claridad, sin autocensura, sobre la decadencia del ser humano, sobre las distintas maneras de enfrentarse a la vejez y la enfermedad, sobre la elección de la propia muerte, sobre el valor real de los objetos y de las personas frente al precio que nuestra sociedad le otorga, sobre el sexo, sobre las normas que necesitamos para sobrevivir en el infierno psicológico en el que nos encontramos a diario, sobre lo que creemos y sobre lo que nos negamos a creer, sabiendo que cuando termine de contarnos lo que sea, una legión de censuradores abanderarán la virtud, el buen gusto y el comedimiento como camuflaje de su propia incapacidad para transmitirnos un mensaje verdaderamente actual y cercano.

3 Responses to “Michel Houellebecq y el salto del tigre”

  1. shipwreck Says:

    Hola Sergio,

    Solo un mensaje cortito para decir que en mi opinion, Houellebecq si es un escritor liberado de muchos complejos, lo que le permite tener un punto de vista muy agudo sobre nuestra sociedad, nuestra condicion, en fin, sobre el ser humano occidental. Sin embargo, no veo porque habria que escribir articulos dedicados a defenderle en cuanto a sus tendencias racistas, ya que el, por cierto, no lo pide, y por otra parte, uno puede ser un personaje de ideas diferentes de las tuyas, y aun asi, un genio. Quizas conoces a un escritor llamado L.F.Céline, que yo admiro como muchos otros por lo que escribio, mucho menos por las ideas que defendio. Lo que quiero decir es que se puede admirar a un escritor, sin al mismo tiempo querer que este escritor abraze mis ideales. Ademas,eso a mi me salva de tener que entrar en las polemicas, que, no cabe duda, posteriormente, te hacen perder tu integridad, y te hacen participar a esta gran feria comercial. Cordialmente,
    Mael Barbier

  2. shipwreck Says:

    Hola Sergio,

    Solo un mensaje cortito para decir que en mi opinion, Houellebecq si es un escritor liberado de muchos complejos, lo que le permite tener un punto de vista muy agudo sobre nuestra sociedad, nuestra condicion, en fin, sobre el ser humano occidental. Sin embargo, no veo porque habria que escribir articulos dedicados a defenderle en cuanto a sus tendencias racistas, ya que el, por cierto, no lo pide, y por otra parte, uno puede ser un personaje de ideas diferentes de las tuyas, y aun asi, un genio. Quizas conoces a un escritor llamado L.F.Céline, que yo admiro como muchos otros por lo que escribio, mucho menos por las ideas que defendio. Lo que quiero decir es que se puede admirar a un escritor, sin al mismo tiempo querer que este escritor abraze mis ideales. Ademas,eso a mi me salva de tener que entrar en las polemicas, que, no cabe duda, posteriormente, te hacen perder tu integridad, y te hacen participar a esta gran feria comercial. Cordialmente,
    Mael Barbier

  3. shipwreck Says:

    Hola Sergio,

    Solo un mensaje cortito para decir que en mi opinion, Houellebecq si es un escritor liberado de muchos complejos, lo que le permite tener un punto de vista muy agudo sobre nuestra sociedad, nuestra condicion, en fin, sobre el ser humano occidental. Sin embargo, no veo porque habria que escribir articulos dedicados a defenderle en cuanto a sus tendencias racistas, ya que el, por cierto, no lo pide, y por otra parte, uno puede ser un personaje de ideas diferentes de las tuyas, y aun asi, un genio. Quizas conoces a un escritor llamado L.F.Céline, que yo admiro como muchos otros por lo que escribio, mucho menos por las ideas que defendio. Lo que quiero decir es que se puede admirar a un escritor, sin al mismo tiempo querer que este escritor abraze mis ideales. Ademas,eso a mi me salva de tener que entrar en las polemicas, que, no cabe duda, posteriormente, te hacen perder tu integridad, y te hacen participar a esta gran feria comercial. Cordialmente,
    Mael Barbier

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