Môdenas de Clementine

Las môdenas de Clementine afilan los lapiceros del ferroviario y dan de comer al ácaro doméstico pvc barato, son las muchachas alegres del alambique, ingenieras enigmáticas, voraces como un cortacésped.

Suelen tejer amianto con alas de pájaros moribundos mientras una colonia de hormigas atraviesan sus tobillos.
(En sus dedos amarillos nos gustaría pasar velas de noches, mascullando los placeres)

Son las môdenas de Clementine, muchachas maravillosas que nos visitan con sus cámaras fotosintéticas.

No nos suelen digerir palabra y más de una vez nos entran ganas de pegarlas a todas, darles centenares de escobas y señalarles el camino de vuelta.

Pero en el fondo somos cochinos y pensamos que acabarán sus labios eléctricos besando nuestros arcos voltáicos.

Es la vida la que nos lo dice, susurra la vida;
Algún dia levantarán párpados y os verán jugando con vuestras corbatas y primero una y luego el resto, vendrán a susurraros. Es entonces que ya no tendreís más oido para la música.

Es la vida quien lo dice, nada inventamos.

Suelen aparcar sus coches en doble fila y allí, vigilar que las estrellas no se caigan sobre los tenderos sudorosos, ni las nubes se derritan en guerras de alambres con el fuego de los mecheros, ellas suelen solucionar esos engorrosos eventos.

Son sombreros que llevar en verano cálido y también refrigerio para nuestra sed de cabaret, son cacharros que centellean violáceos.

Las môdenas de Clementine nos aman, silenciosas, como libros aún por deshojar, tristes y empapadas en cebada, nos aman, como las cerraduras al ojo del espía.

Suelen fumar y no temen vernos morir arrojando nuestras cartas de amor al rio del olvido. Nos dejan a solas con las parcas en los lavabos y lloran de dicha cuando encontramos metéoros en las caravanas de Arizona.

Son óbolos que llevarse puesto cuando cese el camino, en plena fiesta de disfraces, abalorios de mirasol, humor de carbono, plantas carniñosas, grisú.

La vida es la que nos lo dice, puntual a cada hora;
Cuando un rumor tan triste aparece detrás del mapa del tesoro, cuando por la calle llega el lechero herido, con sus historias de vacas hundidas camino de Troya. Cuando violan en ocres pasillos a las húmedas prostitutas de Montparnasse, cuando se retrasa el ataque de tos y los cimientos del palacio completan el crucigrama. Cuando el tedio se arrastra por la piel de los cochinos surgen ellas, tardías, centinelas, nubes sutiles del remordimiento.

2 Responses to “Môdenas de Clementine”

  1. Achab Says:

    Soberbio, como siempre

  2. H Says:

    gracias!

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