Para la web esa

Desde Lensk (Siberia), sin conexión pero con amor, Henry Pathè nos hace llegar su último proyecto de telefilm, con la esperanza de que algún productor se decida por fin a enviarle un billete de avión.

Por nosotros, que no quede.

África Regalado
«J’te dis, mon vieux, moi j’fou le camp a New York…»
John Dos Passos

Leyó en voz alta su última aparición, era una despedida salaz, moriría de una trombosis en plena felación. Cuarenta y siete capítulos después de aquella presentación con acento sureño, «mi nombre se dice rápido, pero nunca se olvida», sus últimas palabras sonarían a algo así como un murmullo, acurrucada entre las piernas del doctor Stefano Grantino (ochenta y cinco capítulos más veterano).

Tenía un cuerpo frondoso, ladeado, de bicho malo, devorador, pero la voz, ligeramente aflautada, resultaba ridícula, fuese cual fuese la escena. Por eso (le dijo el director) la mamada deberá ser silenciosa. Sin un «¿qué tal tu esposa?» porque la sensualidad se les escaparía al cuarto de las escobas.

La productora le entregaría un cheque. El equipo técnico le haría una fiesta de despedida. Algún actor le llevaría una caja de bombones al camerino. ¿Y ya está? Adiós a la mantis, adiós al sueño americano, hola Carolina del Norte.

Ya en su segundo día de rodaje leyó un par de críticas; en «Zumo de mango» no la ponían por las nubes y en «Trago de Menta» la coronaban como reina en su lista semanal de cachondas de medio pelo.

No le importaba. Sabía que era una producción barata, vista por el doce por ciento de la población, con una audiencia fiel que compraba semanalmente la edición en dvd. Doce temporadas de disparates, de trabajos forzados, de apariciones estelares de famosillos de las afueras. Trece guionistas obesos, con nula relación con el mundo «real», cuarenta y tres actores mediocres (contando a los figurantes) y un director dipsómano (que se hacía llamar Vat) cuyo proceso creativo consistía en masturbarse doce horas diarias sobre la edición recién impresa de «Calzados para Señoras». Esa era su aventura en la televisión.

A su edad podía estar encasillada, pero sólo había aparecido fugazmente en un par de episodios de «Rauda y veloz» y en el show de Tray Spencer (formando parte de la banda de Tray Spencer, fingiendo que tocaba el bajo).

En su curriculum se podía leer «Africa Regalado. 37 años. Actriz (principiante absoluta)».

Confiaba en un buen papel en el cine, un papel pequeño y relevante, uno que nunca llegaba. Iba a centenares de congresos para actores, aprendía a pronunciar «Joe» con treinta y seis acentos diferentes, todos tan chillones e irritantes como su propia voz, pero ligeramente enfatizados dependiendo de la parte del país donde se encontrase.

Una noche sedujo al productor de «Masa y Aliento» y éste se lo hizo por detrás. (No sólo eso, también se meo y cagó por todo el apartahotel). Fue su único contacto con la Warner.

Su cuerpo resultaba demasiado mundano. Las amazonas negras estaban en horas bajas, apenas la más grande (Florence) seguía trabajando en algún que otro proyecto, cuyo interés (por otra parte) era nulo. Ahora las latinas se metían los billetes en las braguitas, se compraban coches despampanantes, follaban con jugadores de élite mientras las negras (ancladas en el imaginario como novias de un trompetista adicto al crack) esperaban el resurgir de su popularidad gracias a nuevas modelos llegadas del otro continente. Sin embargo, una vez aterrizaban, se limaban la piel, salían con parientes de la realeza saudí, se vestían de monjas, rasgaban sus ojos… Todo con tal de aparecer en las portadas de las revistas como mestizas orientales, doradas por el sol de Nueva Inglaterra.

La prensa ya había anunciado (y retirado, poco después, por las numerosas acusaciones de xenofobia) «la decadencia del ébano».

Horas antes de su último francés televisado y debido a una inexplicable (e injustificable) filtración del guión de la serie, el encargado de la sección de espectáculos del diario electrónico «Hachazo en el centro» escribió: «La regazo de serpiente, mamba negra, arrastrada hasta el catre por la fuerza, aparecerá muerta, en el próximo capítulo».

En el capítulo 2356 de la serie «Habitaciones Comunes» se alcanzó un 35 por ciento de audiencia. Una llamada paralizó la mudanza. Tres horas después, la mamba negra, azote de médicos, reaparecía en el borrador de los siguientes 45 guiones. La nueva trama de «Habitaciones Comunes» derivó en su presencia y ella, nuestra África, tuvo buena culpa de ello. Aceptó volver bajo la condición de aparecer más. Con menos ropa, con escotes cada vez más sensuales. Y negra, absolutamente negra, como el tizón.

Pocas semanas después, la revista mensual para hombres más leída del continente «V de Vagina» regalaba a sus lectores un desplegable enorme de la novia de Ámerica. «Lujuria en la U.C.I», se titulaba el reportaje.

Tras ser resucitada, adicta al éter, amante de doce bedeles, acusada de homicidio en tercer grado, practicante de la religión beduina, su personaje, poco a poco, volvió a verse relegado por las nuevas tramas… Un incendio, un ataque islamista, extrañas muertes causadas por ingestión de polonio, un brote de vih en el departamento de oncología…

Fue entonces cuando un antiguo amigo, productor de la Warner, visitó su humilde apartamento. Se lo hizo por detrás (se meo y cagó por todas las habitaciones) y dejó un sobre en el buzón con un guión. Ella aceptó la oferta de inmediato.

Ahora la vemos en la televisión recojiendo una estatuilla con forma de pene. Al fin, tras tanto sufrimiento, está plácidamente sentada en el prestigioso hall del hotel Continental degustando un cóctel. Sus 42 años no le hacen justicia. Luce un bronceado hermoso, dicen que ha pasado las vacaciones en Bora-Bora con el director de su última película. Se rumorea que está esperando un hijo. Y que este año, será nominada a los premios de la Academia, por su esperada primera película como directora.


Daguerrotipos Ivan Illich Purpúreos

One Response to “Para la web esa”

  1. Marta Says:

    Qué gracioso te pones cuando te pones serio.

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