RB02 – Cuentos crueles para leer tumbado en la cama de Miguel Paz Cabanas

RB02 - Cuentos crueles para leer tumbado en la cama Cuentos crueles para leer tumbado en la cama de Miguel Paz Cabanas
Colección de Narrativa Relojero de Banaguás, número 2
DL: LE-1592-2004
100 páginas
Año: 2004

(El autor)

RB02- Miguel Paz Cabanas

Miguel Paz Cabanas nació en Sestao (Vizcaya) en 1963. Licenciado en Psicología, reside desde 1988 en León, donde trabaja en el ámbito de la inserción laboral de colectivos excluidos.
Su obra abarca el ensayo, el cuento y el artículo periodístico. En el primero de estos campos, ha recibido entre otros el “Premio Letras Jóvenes” (Junta de Castilla y León, 1993) y el “Premio de Ensayos Pedagógicos de la Fundación Santa María” (Ediciones SM, 1994). De entre los galardones obtenidos por sus relatos, cabe destacar los premios “Emilio Murcia” (2000), “Radio Nacional de Cuenca” (2000), y “Villa de Navia” (2004).
Aunque es posible encontrar textos suyos en diferentes antologías, el presente volumen es la primera publicación dedicada exclusivamente a su narrativa.

(El libro)

El  afán de descifrar el mundo ya movía a los primeros contadores de historias. Y sin embargo, los cuentos que más nos gustaron fueron, a menudo, aquéllos que nos lo devolvían todavía más tupido, más cifrado y temible. En este sentido, la invitación que contiene el título de este libro puede ser entendida también como una advertencia, la de esos peligros que nunca han dejado de atraernos, acaso porque tras ellos se ocultan las verdaderas claves del saber.
No será difícil encontrar, en estas páginas, vínculos con viejos y queridos maestros (Poe, Melville), ni personales aprendizajes de la renovación debida a otros más próximos (Cortázar, Monterroso). A esa reconocida herencia, suma Miguel Paz la personalidad de su voz literaria, una prosa sucinta y sensual, y unas querencias que se reparten entre lo tierno, lo lúdico y lo macabro; además de la paciencia y el rigor con que siempre se han escrito los mejores cuentos.

(Fragmento)

Cuento: El ratón

No sé si éste es el sonido de la última palada de tierra húmeda que cae sobre mi ataúd. Poco más da. Aún siento, a pesar de la muerte, ciertos misterios. Os imagino juntos y oigo el susurro del viento en la colina. Os oigo sollozar, lastimados, unidos por un luto sincero. Oigo a los viejos compañeros de fatigas, reconciliados por el dolor; veo a mis hijos de negro, compartiendo su inmensa tristeza; y oigo también a mis nietos, que no volveré a ver jamás… Me complace la lectura que habéis elegido y la presencia serena del mosén: su voz, aunque remota, suena dulce y consoladora. Pero en estos momentos de aflicción, de pérdida y congoja, quiero pediros un deseo. Sé que es algo extraño, pero confío en vuestra gratitud. Cuando lleguéis a casa, al entrar en la cocina, hallaréis una taza sobre la mesa. Por favor, respetad su contenido. Apenas contiene un sorbo, un dedo de leche tibia. Es mi obsequio póstumo al ratón que habita en el desván. En las últimas semanas que permanecí postrada en la cama, sola y agonizante, fue el único ser que me hizo compañía. A él, por cierto, lego la granja, la casa y todos sus enseres. Y también las viñas, hijos de puta.

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