Ser amado

“¿Qué podían importarle ahora el arte y la virtud frente a las ventajas del caos?”
La muerte en Venecia, Thomas Mann

La víspera de su muerte, al final de un día que, como los anteriores, había dedicado al seguimiento furtivo de su amado, Gustav von Aschenbach regresó al hotel en un estado febril, muy próximo ya a la locura. Con el cabello grasiento y el maquillaje deshecho por el sudor, se encerró en su cuarto y se desplomó en el sillón, mirando hacia la ventana. El mal terminaba de tomar posesión de su cuerpo y él lo sentía en forma de enervante sensualidad. Atormentado por el deseo como un adolescente, cerró los ojos e imaginó a Tadzio a su lado con total ausencia de pudor.

Su último sueño, sin embargo, lo devolvió a la época en que aún era el disciplinado y austero ciudadano alemán, el admirado intelectual que había alcanzado las cimas del honor y de la dignidad.

Salía a pasear tras intensas y fructíferas horas de trabajo, con la intención de oxigenar su mente antes de proseguir su tarea. Como en otras ocasiones, se dirigió al Jardín Inglés. Esta vez lo encontró extrañamente desierto y umbrío, pero también por ello más apetecible a su ánimo. Se adentró por pequeños senderos solitarios y pronto empezó a oír un ruido rítmico y grave, solemne. A medida que avanzaba, el sonido se hizo más nítido y al fin pudo atribuirlo al rugido de una fiera. Sintió miedo y pensó que lo prudente sería alejarse de aquel posible peligro. Su curiosidad, no obstante, pesó más que su cordura. Caminó hacia el punto del que partía el sonido y en un claro del bosque vio algo que lo asombró. Un bello tigre asiático yacía en el interior de una jaula de barrotes dorados. Aschenbach se acercó, hechizado por la aparición, hasta que pudo tocar los barrotes. El animal permanecía tumbado y en un estado de sopor. Ligeros, casi imperceptibles corrientes nerviosas recorrían su soberbio pelaje. Miró a su visitante con unos ojos sobre los que los párpados se posaban con languidez. A ratos movía blandamente la cola y emitía monótonos rugidos que a Gustav le recordaron al ronroneo de los gatos. El ilustre escritor se dijo que aquél era el más bello y voluptuoso animal que había visto nunca. El deseo que sintió en ese instante carece de explicación lógica y, no obstante, Gustav von Aschenbach, el hombre que había escogido la moderación y la virtud, el modelo de tantas generaciones de artistas, sucumbió sin remedio. Comprobó que no había nadie más en derredor y se acercó a la puerta de la jaula. El tigre lo miró como si formara parte de un paisaje muy lejano, pero cuando Gustav abrió la puerta, como movido por un resorte interior, el animal se alzó y miró fijamente a la víctima que se le ofrecía. Vio cómo el hombre cerraba la puerta por dentro, emitió un penetrante rugido y empezó a recorrer la jaula de un lado a otro, nervioso y excitado. Sólo se detuvo para lanzar zarpazos al aire, como si concediera los últimos avisos a su presa. Gustav, tenso y anhelante frente a él, dejó caer a un lado su sombrero y su bastón. Luego comenzó a desabrochar su camisa. El tigre adoptó entonces la posición de ataque, retrajo las patas para que el salto fuera más potente y, cuando vio la carne, el pecho ofrecido, se lanzó al cuello del hombre.

Al caer, Gustav comprobó que no estaba solo en el claro del bosque. Al otro lado de los barrotes, curiosos, seguros, sonrientes, contemplaban la escena el gondolero desobediente, el inglés de la agencia de viajes, la banda de cantantes callejeros y otras personas que había conocido durante su estancia en Venecia. No buscó a Tadzio entre los mirones. Cerró lo sojos para disfrutar más enteramente de su dolor. Sabía que era Tadzio precisamente -el perfecto, el joven dios, su amado efebo- quien lo estaba despedazando en esos momentos.

Cuando despertó, Gustav von Aschenbach notó que su corazón latía enloquecido. Se sintió exhausto, tembloroso, húmedo. Por la ventana llegaba, como cada noche, un aroma de salitre y descomposición.

Leave a Reply


3 + cuatro =


Warning: Use of undefined constant bwt - assumed 'bwt' (this will throw an Error in a future version of PHP) in /homepages/19/d455156103/htdocs/leteo/wp-content/themes/leteo_theme/functions.php on line 77
Categorías del blog
Archivo del blog

Agreganos a tus feeds

 COLABORADORES
revistaleer datic

¡Visita nuestra tienda!